Argentina-Canadá. 1992
Dir.: Eliseo Subiela
Int.: Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros, Nacha Guevara, André Mélançon, Jean Pierre Reguerraz
Dir. art.: Margarita Jusid
BSO: Osvaldo Montes
Inspirada combinación de poesía, realismo mágico y reminiscencias bergmanianas, en una apasionada fábula surrealista protagonizada por personajes que aceptan el dolor del amor o de la creación artística como respuesta a la gris realidad diaria.
Sin argumento propiamente dicho y un tanto reiterativa en su segunda mitad, a pesar de no ser un plato a prueba de todos los estómagos cinéfilos la atrevida propuesta de Subiela -convertida rápidamente en película de culto- subyuga gracias a la falta de prejuicios con que postula la presencia de la lírica en la vida cotidiana, bien arropada por lo magnífico de sus diálogos (muchos de ellos poemas de Oliverio Girondo, Juan Gelman y Mario Benedetti, que aparece como marino mercante recitando poemas en alemán en un cabaret de Montevideo) y por la convicción y el acierto con los que Darío Grandinetti aborda y borda la interpretación nada fácil de mantener en la contención de ese romántico y soñador poeta que vende ideas a una agencia de publicidad, intercambia poemas por filetes con el dueño de un restaurante y consagra la totalidad de su bohemia existencia a la búsqueda del amor absoluto, idealizado en una mujer "que sepa volar".
En 2001 la película tuvo una oportunista continuación situada en Barcelona, El lado oscuro del corazón 2, con el mismo equipo técnico y artístico más Ariadna Gil, que no encontró ni mucho menos la acogida del original.