lunes, 19 de julio de 2010

'YES, WE CAT'

Amaneradamente excitado por la trayectoria de la selección ahora denominada ''la Roja'' pero que hasta no hace tanto (¿el cambio de rumbo de la II Guerra Mundial, por ejemplo?) escuchaba el himno -el mismo, vaya por Dios- saludando con el brazo alzado, Jordi González (La noria, Telecinco) tranquiliza a los espectadores trasladándoles el deseo de la mayoría de la población de Cataluña de la victoria española en el Mundial de fútbol celebrado en el sur de África, concretamente en Sudáfrica. El mero hecho de subrayar algo que debería ser considerado normal automáticamente produce el efecto contrario al pretendido, invitando al receptor a cuestionar el mensaje y la intención del emisor. ¿Es imaginable una declaración semejante sobre Asturias, Castilla la Vieja, Las Hurdes o Andalucía? Es la televisión en su vertiente evangelizadora. Ora pro nobis peccatoribus.

En protesta por las rebajas del Tribunal de la Santa Constitución sobre el Estatuto de Autonomía de la IV Región Militar, una multitud empreñada por haber descubierto que la voluntad popular no es el moll de l'os de la democracia colapsa Barcelona unas horas antes del show de la cadena de los italianos. Vista por la tele la movilización tiene mucho colorido, pero la retransmisión de TV3Cat (Manifestació 10 de juliol. Per l'Estatut) no hace exceso de imaginación: combinación de planos desde diferentes puntos del recorrido con entrevistas a políticos asistentes. Hasta que a la normativamente incorrecta pregunta de "Què tal?" (equivalente del futbolero "¿Cómo ha visto el partido?", por lo que parece) el conseller Joaquim Nadal responde con un "Bé. Una mica de calor". Es un momento extraordinario, emocionante, a la altura de aquellos pacientes trabajos de entomología acostumbrados por Félix Rodríguez de la Fuente. Con esa pregunta simple y aparentemente inocua el periodista ha logrado ponerle imagen al distanciamiento abismal de la clase política con la ciudadanía, causa de la ola de desafección que nos invade. Contestar "Bé. Una mica de calor" ante el atronador eco de la diáfana consigna independentista del gentío convocado es una instantánea demoledora de un burócrata mirando hacia otro lado (o, lo que es peor, teniendo pensamientos lampedusianos). Replicar "Bé. Una mica de calor" en aquellas circunstancias es como coincidir en un ascensor con Scarlett Johansson y desviar la vista al suelo.

Amigos de El hombre y la Tierra, la tele es así. Criticada, vituperada, despreciada, ridiculizada... Produce efectos anestésicos irreversibles sobre el populacho, de acuerdo. Pero aunque solamente fuera por su facultad de desenmascarar impostores merecería la pena el esfuerzo de mirarla menos y verla más.