jueves, 26 de noviembre de 2009

FUEGOS DE ARTIFICIO

Seguramente fue a partir del mucho más influyente de lo que pueda creerse Tómbola cuando quedó instituida la costumbre de la "entrevista previa": una conversación casi siempre telefónica mantenida por la infantería del programa neorrealista de turno con el personaje invitado, sobre las respuestas del cual basarán (o no) días después en la propicia para el calentón arena del plató los artilleros del cotilleo el interrogatorio que ellos se empeñan en continuar llamando "entrevista". Pero la entrevista es un arte con unos rituales específicos (muy parecido a la tauromaquía, por cierto) cuyo dominio, como queda constantemente en evidencia, no está alcance de cualquier indocumentado.

En ella se amparó el muy enfadado actor y productor Paco Marsó para declararse víctima de una encerrona en Tal cual lo contamos (Antena 3), donde -dice- creía haber acudido para hablar de su rehecha vida sentimental (recientemente fue de nuevo padre, a sus 62 años) y no de lo de siempre (la hace años extinguida relación con Conchita Velasco y sus flaquezas de hombre y como hombre de negocios). Cristina Lasvignes, cuyas moderadas formas e inmoderado atractivo no ocultan su falta de recursos para solventar según qué papeletas por las que la nómina le obliga a quedar a veces enfangada, aguanta estoicamente el chaparrón y le tranquiliza ("no te preocupes, que también hablaremos de eso"; pero al final no hubo tiempo, claro). Antes habían dado entrada ("parece que tenemos una llamada...", diría muy convencida la presentadora) al testimonio de cargo del ex de la hija de Marsó, con la que -también en el pasado- protagonizó una extraña historia de patéticos Bonnie y Clyde castizos resuelta con los huesos de ambos en la cárcel.

Fue una pieza de teatro televisivo modélica, donde todos y cada uno representaron su papel con solvencia: el programa cambiándole el cebo al invitado; éste fingiéndose engañado e indignado; los interrogadores, unos a favor y otros en contra del personaje, como manda la ortodoxia del género; la siempre menos inesperada de lo que se pretende llamada de teléfono; el amarionetado público, impecable a la hora de colocar el aplauso donde le mandan... Teatro, la tele es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro.