En la mejor tradición tombolera, Karmele Marchante se enfada y abandona Sálvame después de la enésima trifulca con el de ordinario ordinario Jimmy Giménez-Arnau. Tras ser calificado de "fascista" por Enric Sopena, Jaime Peñafiel, gafas y papeles en sus alteradas manos, se va del debate de La noria. En el programa de Jordi González, Jorge Javier Vázquez (de profesión: sus morcillas) y el viejo verde de Jimmy se largan en plena entrevista (ellos lo llaman así) a Sonia Monroy. La indumentariamente refrigerada Jenny, una de las aspirantes del cada vez más esperpéntico Mujeres y hombres y viceversa, pelea con una compañera y ataque de ansiedad de por medio, hace mutis por el for(r)o y deja a su (incomprensible) objeto de deseo descompuesto (y sin novia). Se levantan y se van, también en Sálvame, Yola Berrocal, pecho izquierdo al viento, y Tamara (ex stripper lésbica y ex de Paquirrín como avales académicos más destacados), indispuesta por su embarazo y por las embarazosas insinuaciones de Kiko Hernández (otro fenómeno de la paranormalidad catódica a estudiar). En un impactante golpe de teatro televisivo, Risto Mejide, recuerdo, se marchó de la final de Operación Triunfo de la temporada pasada momentos antes de darse a conocer el nombre del ganador... Todos hacen como que se van, pero acaban volviendo al plató que les da de comer.
Quien no parece tener intención de regresar por el momento es la audiencia que progresivamente ha ido dejando de lado a Telecinco, probablemente cansada ya de tanta (im)postura. Y de tanta torpeza como la acreditada por la realización de OT en el dúo homosexual entre Sor Nazaret y Patricia, la interpretación de cuya canción (palabra en desuso, ahora las llaman "temas" o "temazos") finalizaba con un beso en la boca entre las dos que, tras haberse creado la expectación previa necesaria (presunta incomodidad de las protagonistas, consejos del experimentado en la cuestión presentador y pausa publicitaria estratégica), no llegó a verse por un inoportuno cambio de plano, cuando se iniciaba la maniobra de aproximación bucal y vocal, que debería llevar al realizador al destierro. En el palafito de Honduras, por ejemplo. Y a ser posible, sin mecheros.