Frente a la agobiante inmediatez con que las nuevas tecnologías escupen las noticias, prácticamente sin tiempo para digerirlas (y por lo tanto consiguiendo lo contrario de lo que pretenden. O no), desde la prensa tradicional quieren hacer creer que creen que el futuro del sector pasa por ejercer el liderazgo del periodismo de calidad aportando reflexión y profundidad a la información. Contradictoriamente, los diarios ya están redirigiendo actualmente al lector de manera sistemática a buscar "más información" o a que "lea la entrevista completa" (!) en sus webs. También esa visión romántica que suele conferir más credibilidad y prestigio a lo escrito en papel ante lo leído en ese territorio del salvaje Oeste de Internet deberá ser puesta en cuarentena, visto lo que hay.
14 de noviembre de 2008. La Vanguardia publica ''Schneider. Una tragedia hecha película en Romy'', un "servicio especial" desde París, donde el colaborador habitual Óscar Caballero escribe que la malograda protagonista de Sissi "debió, con su familia, huir de Hitler" y que el "suicidio de su madre" fue una más de las desgraciadas causas que aceleraron su final. Todo eso estaría muy bien... si fuera cierto. Porque, nacida Romy en Viena seis meses después de la ocupación alemana de Austria, hija y nieta de actores, si un periodista riguroso se tomara la molestia de contrastar el número y la nacionalidad de las películas rodadas por sus padres y su abuela paterna entre 1938 y 1945 vería que si huyeron de algo no fueron demasiado lejos. Fue precisamente por ello y por sus amistades peligrosas que a Magda Schneider, la madre, le pasaron factura tras la guerra. Por cierto: sobrevivió catorce años a su hija, falleciendo -de muerte natural- el 30 de julio de 1996.
En cuanto a considerar Ludwig, el crepúsculo de los dioses (sic) como un "filme clave" en su carrera, qué quieren que les diga... ¿Que no existe ninguna película con ese título? El autor (confeso) del artículo cruza las viscontinianas Luis II de Baviera. El rey loco (de título original: Ludwig) y La caída de los dioses, a la que confunde con El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder. De las tres, Romy Schneider únicamente hizo la primera, retomando el personaje que la había lanzado a la fama pero desde una perspectiva totalmente diferente. Las pifias, como se ve, van mucho más allá de la (perdonable) confusión de un nombre y ayudan poco a conservar la confianza en una prensa cada vez más rara y descolocada; pero dicen mucho de la capacidad de fabulación de Óscar Caballero, en cuyos servicios especiales los lectores disponen de una buena alternativa al clásico juego de descubrir errores entre dos dibujos aparentemente idénticos.
El 15 de enero pasado el caballero persevera y en el artículo ''Fanny Ardant o una musa en el cabaret'' oficializa la relación sentimental que mantuvieron la actriz y François Truffaut: "En efecto, se casan en 1981". Pues va a ser que tampoco.