jueves, 5 de marzo de 2009

BAILANDO CON LOBEZNOS

IN. La versatilidad demostrada por Hugh (el hombre orquesta) Jackman hizo que esta vez no se echara de menos al gran Billy Crystal; sí, tenemos sustituto. Con su blanca palidez, Anne Hathaway enterrando su insípida imagen junto a Julie Andrews, al aceptar el desafío del host australiano en el bien construido número inicial (que tendría su continuación en las actuaciones musicales más brillantes en mucho tiempo: del Broadway clásico al Bollywood moderno pasando por la curvilínea Beyoncé Knowles de cualidades vocales y piernas ilimitadas). El (tórrido) tono de voz de una Alicia Keys muy mal asesorada estilísticamente. Las (intencionadas) bromas de Ben Stiller a costa de una reciente entrevista de Joaquin Phoenix en el programa de David Letterman, donde estuvo más ausente que presente. La (entretenida) retransmisión de los de El cine de Lo Que Yo Te Diga en la Cadena SER, aunque taparan más de lo deseable el sonido original. El chiste de los de la radio sobre los Bardem-Cruz, que "ya tienen la parejita". A diferencia de otras veces, la compostura mantenida por la sobrevalorada actriz hispana Penélope Cruz (actriz secundaria, Vicky Cristina Barcelona); hasta Volver, el mejor trabajo de la protagonista de la difícilmente olvidable La mandolina del capitán Corelli seguía siendo el videoclip hecho con Mecano. Diane Lane, cosecha de 1965, bella con alma sin necesidad de alicatados. La imagen de Paul Newman cerrando un in memoriam tribute que, de manera impensable en otras latitudes, incluyó también un recuerdo para un crítico (el reputado Manny Farber). El (refrescante) aspecto -entre la Marty de Beautiful girls y la princesa Amidala de Star wars- de Natalie Portman, las orejas más aerodinámicas de Hollywood. La (coherente) reivindicación del matrimonio entre personas del mismo sexo de(l siempre combativo) Sean Penn (actor principal, Mi nombre es Harvey Milk); al parecer, nuevamente prometido con la princesa Robin Wright tras su (im)perdonable desliz matrimonial. Los (acertados) cambios introducidos por los nuevos productores (entre los cuales, acercar la platea alrededor de un escenario circular potenciando la teatralidad del espectáculo y la idea de los multipresentadores en las categorías de interpretación) remontaron la audiencia televisiva norteamericana un 6% con respecto a la edición anterior. El incombustible (88) Mickey Rooney (ocho matrimonios -uno de ellos con Ava Gardner, el primero- deben curtir lo suyo), que recibió un honorífico "en reconocimiento de sus 60 años de versatilidad en una variedad de actuaciones memorables" ya el 11 de abril de 1983, cuando Gandhi, E. T. El extraterrestre, Garci y La decisión de Sophie; 26 entregas más tarde, Andy Hardy y Meryl Streep (nominación actriz principal, La duda) continúan inmarchitables al pie del cañón. No todos los estómagos estaban preparados para digerir la imagen de Mickey Rourke -ese hombre (des)hecho a sí mismo- subiendo premiado al escenario; el Chico de la Moto deberá esperar. Que nunca haya fallos técnicos, los vídeos estén siempre tan bien hechos, cada cosa esté en su sitio, todos sepan por donde entrar y hacia donde salir y cómo moverse, los guiones estén magistralmente escritos, la realización de la ABC sea una masterpiece de televisión, todo salga tan bien como sólo los americanos saben hacerlo...

OUT. Jennifer Grey, irreconocible, probablemente no sólo por los 22 cursos pasados desde Dirty dancing. El (mecánico) aspecto de muñeca Barbie de Angelina Jolie. Como siempre, la parte central de la ceremonia (cuando se ventilan las categorías técnicas y documentales), aprovechada por buena parte de la concurrencia para hacer un pis(colabis). La (absurda) supresión del discurso institucional del presidente de la Academia. ¿Era Kate Winslet (actriz principal, The reader) o Deborah Kerr? La (indisimulable) influencia de Orlando en el andrógino (y cuestionable) estilo de Tilda Swinton. ¿Qué fue de Jack Nicholson? La atribución por algunos a la japonesa Departures (película en habla no inglesa) de la categoría de mejor "película extranjera", que en realidad lo es Slumdog millionaire (película, dirección, guión adaptado, montaje, fotografía, banda sonora, canción, efectos de sonido), al ser una producción británica (en unos galardones estadounidenses, recuerdo). Esos (avezados) observadores especializados en interpretar el palmarés en clave política y social, capaces de desarrollar teorías sobre desarme nuclear a partir de la práctica total ausencia este año de escotes push-up entre las asistentes (que no asistentas). El culturalmente colonizado espectador español (y de los territorios ocupados) que, según su mentalidad de ciudadano yanqui de segunda, exige a los Oscar mensaje y películas y discursos comprometidos, olvidando que se trata sólo de una entrega de premios cuyo fin principal es servir de plataforma publicitaria de su producción anual; that's entertainment!